En una revelación sorprendente y emotiva que ha reavivado las tensiones dentro de la familia real, Meghan Markle ha anunciado públicamente que no permitirá que su hija, la princesa Lilibet Diana, herede la icónica corona que una vez llevó la fallecida princesa Diana.
La declaración, compartida durante una entrevista exclusiva con un medio estadounidense, ha causado conmoción en los círculos reales y ha afectado profundamente a la princesa Catalina (Kate Middleton), quien, según se informa, quedó “llorando” tras conocer los motivos de Meghan.
“Por respeto al legado de Diana —y en reconocimiento a lo que ella realmente representaba— he tomado la decisión de que Lilibet no heredará esa corona”, declaró Meghan. “No se trata de joyas. Se trata de valores, historia y sanación.”
La corona en cuestión se cree que es la Tiara Spencer —una preciada reliquia familiar que la princesa de Gales lució en su boda con el príncipe Carlos en 1981. Según la tradición real, se esperaba que la tiara pudiera ser heredada algún día por una de las nietas de Diana, siendo Lilibet y la princesa Charlotte las principales candidatas.

Sin embargo, la explicación de Meghan reveló una motivación mucho más profunda y personal.
“No quiero que mi hija cargue con el peso de un título o una corona que pertenece a una institución que no supo proteger a la mujer que una vez la llevó,” dijo, en referencia a las trágicas luchas de la princesa Diana dentro del sistema real. “Lilibet creará su propio legado — libre de expectativas, libre de dolor.”
Las declaraciones, según informaron personas cercanas a la familia real, dejaron a Kate “impactada y entre lágrimas”. La princesa de Gales siempre ha considerado la tiara como un símbolo preciado de la presencia perdurable de Diana y la ha lucido en varios actos oficiales en homenaje a su suegra.
Un asistente real comentó: “Para Catherine, la memoria de Diana es sagrada. La idea de que su hija, la princesa Charlotte, pudiera algún día llevar la tiara tenía un profundo significado para ella.”
El anuncio ha desatado un intenso debate en línea y en los medios, con simpatizantes que aplauden la postura valiente de Meghan y críticos que la acusan de faltar al respeto al patrimonio real. El hashtag #DianasCrown comenzó a ser tendencia en pocas horas, con usuarios divididos entre el bando de Meghan y el de Kate.
Algunos historiadores de la realeza también opinaron, señalando que, aunque técnicamente la tiara pertenece a la familia Spencer —y no a la Corona—, durante mucho tiempo se la ha considerado una posible reliquia heredable por las nietas de Diana. Cualquier decisión sobre su herencia probablemente requeriría la participación de varios miembros de la familia, incluido el hermano de Diana, el conde Spencer.
El príncipe Harry no ha hecho una declaración formal, pero se cree que apoya la decisión de Meghan. Una fuente cercana a la pareja afirmó: “Harry comprende el simbolismo y el dolor que encierra la corona. Esto se trata de elegir un camino diferente para su hija.”
Queda por ver si esta decisión profundizará aún más la brecha entre los Sussex y el resto de la familia real. Pero una cosa está clara: la elección de Meghan de romper con la tradición ha vuelto a hacer historia.