Por primera vez en décadas, el bombero que fue el primero en llegar a la escena del trágico accidente automovilístico que causó la muerte de la princesa Diana ha compartido el recuerdo conmovedor de su breve pero poderoso encuentro. Hablando en voz baja, pero con visible emoción, el bombero retirado Xavier Gourmelon relató los últimos momentos que pasó con la Princesa de Gales en aquella fatídica noche en París.

“No sabía quién era al principio,” recordó Gourmelon. “Había caos, vidrio, metal, humo. Pero entonces vi su rostro — y vi sus ojos.”
La noche del 31 de agosto de 1997, el coche de Diana se estrelló en el túnel del Pont de l’Alma. Gourmelon fue uno de los primeros socorristas en llegar. Lo que vio esa noche lo marcaría para siempre.
“Ella todavía estaba viva. Estaba consciente. Me miró,” dijo. “Preguntó suavemente: ‘¿Qué ha pasado?’”
Gourmelon y su equipo actuaron con rapidez, trabajando para estabilizar a Diana y sacarla de los restos del vehículo. Describió sus heridas como “graves, pero que no parecían fatales de inmediato” y dijo que ella parecía tranquila, como si no fuera consciente de toda la gravedad de la situación.
“No gritó. No lloró. Me miró, y sentí algo… una extraña quietud. Tenía gracia incluso en el dolor.”
Solo más tarde, en el hospital, Gourmelon supo quién era realmente.
“Alguien me dijo: ‘Esa era la princesa Diana.’ Me quedé impactado. No podía creerlo. La mujer a la que acababa de intentar salvar — la que me miró con confianza — era una de las mujeres más famosas y más queridas del mundo.”
A pesar de sus esfuerzos, Diana falleció horas después. La noticia devastó al mundo, pero para Gourmelon, fue algo personal.
“Recuerdo haberle tomado la mano mientras la movíamos. No sabía que serían uno de sus últimos momentos.”
Durante más de 20 años, Gourmelon guardó silencio, atado por el deber y el dolor personal. Ahora, ya mayor y retirado, sintió que era momento de hablar — no para revivir la tragedia, sino para honrar “al ser humano detrás de la princesa.”
“Ella no era solo realeza. Era una persona — vulnerable, valiente y digna, incluso en su última hora. Nunca olvidaré esa mirada en sus ojos.”
Su relato ha reavivado la emoción pública y ha traído un nuevo homenaje a la memoria de Diana — un recordatorio no de cómo murió, sino de cuán profundamente tocó las vidas de incluso aquellos que la conocieron solo por un instante.
Mientras el mundo continúa recordando a la ‘Princesa del Pueblo’, estas palabras del hombre que le sostuvo la mano en sus últimos momentos conscientes resuenan con fuerza:
“No murió sola. Fue vista. Fue reconfortada. Y en esos segundos finales, supo que alguien estaba allí.”