
¡El Palacio de Buckingham vuelve a ser el escenario de una escena sacada directamente de un cuento de hadas… o mejor dicho, de una pesadilla! Según fuentes cercanas a la familia real, el joven Príncipe George, de tan solo 11 años, vivió un momento desgarrador al enfrentarse a lo que él mismo llamó “¡una bruja!”, refiriéndose —presuntamente— a la Reina Camilla, tras sospechar que su hermana, la Princesa Charlotte, estaba en peligro.
El suceso habría tenido lugar durante un acto familiar privado en uno de los jardines reales. Todo parecía transcurrir con normalidad, hasta que, según testigos, George comenzó a llorar desconsoladamente y gritó: “¡Una bruja! ¡Está atrapando a Charlotte!” Acto seguido, el pequeño príncipe corrió a abrazar a su hermana menor, como intentando protegerla del supuesto “hechizo” o trampa que la reina consorte podría haber tendido.
Aunque los detalles exactos se mantienen bajo estricto hermetismo palaciego, los rumores corren como pólvora. Algunos aseguran que Camilla habría intentado llevar a Charlotte a una habitación apartada para entregarle un regalo “simbólico” que no fue bien recibido por George. Otros, más dramáticos, afirman que el joven heredero simplemente reaccionó ante una atmósfera tensa, fruto de las crecientes divisiones internas dentro de la Casa Windsor.
En redes sociales, el episodio ha desatado una tormenta. Hashtags como #ProtectCharlotte y #GeorgeTheBrave ya son tendencia en X (antes Twitter), y muchos usuarios celebran el gesto del joven príncipe como prueba de su fuerte instinto protector. “¡George ya actúa como un verdadero rey!”, escribió una admiradora. Otro añadió: “Camilla debería cuidar más cómo se comporta frente a los niños.”
Desde el Palacio, ningún portavoz ha emitido una declaración oficial, aunque allegados aseguran que la Reina Camilla está “dolida” por la reacción del niño, mientras que los Príncipes de Gales han optado por guardar silencio… por ahora.
¿Fue todo una confusión infantil o hay tensiones más profundas detrás de esta escena tan dramática? Lo que está claro es que la relación entre las nuevas generaciones reales y la reina consorte no es tan mágica como los cuentos que nos quieren vender.