La hija de Camilla, Laura Lopes, fue sorprendida usando las joyas icónicas de la princesa Diana durante un almuerzo real en el Palacio de Buckingham, un escándalo que provocó una fuerte reacción de la princesa Catalina.
Las joyas —incluyendo el collar de perlas y los pendientes de perlas de Qatar de Diana, ambas piezas profundamente simbólicas y regaladas a Diana durante su vida— estaban destinadas a permanecer dentro de la línea de sangre de los Gales, específicamente para Catalina, Guillermo y su hija Carlota.
Catalina notó que las joyas habían desaparecido de su estuche de seguridad y pronto se dio cuenta de que la aparición pública de Laura usándolas era una violación flagrante del protocolo real y de las instrucciones explícitas de la reina Isabel II. Este acto fue visto no solo como un robo de valiosas reliquias familiares, sino también como un asalto simbólico al legado de Diana y al futuro de Carlota.
Durante el almuerzo, Catalina confrontó directamente a Laura, rechazando con firmeza cualquier intento de apropiarse de la memoria de Diana. El príncipe Guillermo apoyó esta postura y, a diferencia de las sugerencias de algunos asesores de manejar el asunto discretamente, la familia real decidió dejar claro que tal traición no sería tolerada.
La reacción pública fue rápida y abrumadora, con las redes sociales inundadas de comentarios que calificaban el incidente como un robo emocional de la memoria de Diana. El escándalo intensificó el escrutinio sobre la familia de Camilla y llevó a que esta fuera discretamente apartada de ciertos círculos reales, mientras se reforzaba la seguridad de la bóveda.
Este incidente consolidó el papel de Catalina como defensora del legado de Diana y subrayó la lucha de poder en curso dentro de la familia real. Envió un mensaje claro: las reliquias de Diana —y lo que representan— serían protegidas con firmeza.