
Londres — La Casa Real británica enfrenta una nueva tormenta mediática tras la supuesta filtración del testamento del rey Carlos III, que habría provocado un nuevo distanciamiento entre los príncipes William y Harry. Según fuentes cercanas al Palacio de Buckingham, la división de bienes y títulos en el documento final no habría sido bien recibida por ambos hermanos.
El contenido exacto del testamento aún no ha sido confirmado oficialmente, pero varias publicaciones británicas aseguran que el rey habría dejado la mayor parte de sus propiedades, joyas y colecciones de arte a su primogénito, el príncipe William, actual heredero al trono. En contraste, al príncipe Harry se le habría asignado una cantidad considerable de dinero, pero sin títulos adicionales ni responsabilidades dentro de la corona.
La decisión habría generado sentimientos encontrados en el duque de Sussex, quien ya se encontraba distanciado de la familia real desde su retiro oficial en 2020. Aunque el testamento reconoce a ambos hijos, el trato desigual ha sido interpretado por algunos observadores como una señal de desconfianza hacia Harry, tras sus declaraciones públicas y la publicación de sus memorias.
“El rey ha actuado conforme a la tradición, pero en un contexto tan delicado como el actual, cada decisión tiene un peso político y emocional enorme,” comenta la historiadora real Margaret Ellis. “Este testamento no solo distribuye bienes, también envía un mensaje.”
Por su parte, el Palacio de Buckingham no ha emitido ningún comentario sobre las filtraciones, manteniéndose fiel a su política de discreción en asuntos familiares. Sin embargo, en redes sociales, el tema ya ha provocado intensos debates entre partidarios de ambos príncipes.
Mientras tanto, algunos expertos señalan que aún hay margen para una reconciliación. “Nada está escrito en piedra hasta que el testamento se lea oficialmente,” asegura Ellis. “Y aún entonces, lo más importante no son los bienes, sino los vínculos familiares.”
En una monarquía moderna en constante transformación, el testamento del rey Carlos III podría marcar no solo el destino de su legado material, sino también el rumbo de las relaciones entre sus hijos.