El rey Carlos abrazó a Camila, sollozando desconsoladamente, mientras los médicos realizaban lo impensable. Buckingham se sumió en un silencio sofocante, prohibiendo cualquier informe. Y entonces, Camila se desplomó, su voz quebrando la noche: «Hijo mío… ¡Oh, Dios mío…!».
Londres — El Palacio de Buckingham se ha sumido en un estado de luto y confusión esta noche tras la emotiva e inesperada aparición del rey Carlos III a las puertas del palacio. Bajo la tenue luz de una tarde londinense lluviosa, el monarca parecía frágil, pálido y visiblemente conmocionado, agarrando un pañuelo mientras se acercaba lentamente a los micrófonos preparados para su repentino discurso. Mientras los espectadores y los periodistas guardaban silencio, la voz del rey tembló: «Lamento decirles… Reina Camila…». Hizo una pausa, visiblemente conteniendo las lágrimas

Antes de darse la vuelta por varios segundos, reuniendo fuerzas para continuar. Los testigos describieron el aire como “cargado de miedo”. Los guardias del rey se quedaron paralizados, e incluso la prensa bajó las cámaras. Finalmente, Carlos volvió a hablar, con la voz quebrada por la emoción: “Mi esposa ha enfrentado un gran dolor y coraje en los últimos días. Su salud ha empeorado. Los médicos han hecho todo lo posible… pero esta noche, debo pedirle al pueblo de esta nación que rece por ella”
La multitud se quedó boquiabierta. Algunos asistentes comenzaron a llorar, mientras que otros susurraban que este debía ser el trágico final de la larga y privada lucha contra la salud de la Reina, una lucha que se había ocultado cuidadosamente al público durante meses. Dentro del Palacio, se decía que el príncipe Guillermo y la princesa Ana lloraban a mares, mientras que el príncipe Harry, informado en California, estaba, según se informa, “devastado” y se preparaba para volar a casa de inmediato.