“25 años es demasiado tiempo para confesar…” — El cirujano que atendió a Diana la noche de su fatal accidente —y que una vez fue su amante—
El cirujano que operó a la princesa Diana hace 30 años finalmente dice la verdad
Durante tres décadas, el hombre que luchó para salvar la vida de la princesa Diana la noche de su fatal accidente de coche en París ha guardado un silencio casi absoluto. Atado por la ética profesional, atormentado por el recuerdo de aquella noche y temeroso de la tormenta que sus palabras podrían desatar, se ha negado a conceder entrevistas y a alimentar los rumores.

Rompiendo un silencio de 30 años
El Dr. Jean-Marc L., cirujano francés de guardia en el Hospital Pitié-Salpêtrière el 31 de agosto de 1997, ha concedido una inusual y emotiva entrevista en la que comparte detalles nunca antes hechos públicos. Su voz, aún con el peso del recuerdo, temblaba al recordar el momento en que Diana fue trasladada en silla de ruedas al quirófano.
“Ella seguía viva”, dijo en voz baja. “Luchábamos por ella; cada segundo contaba. Pero sus heridas… eran catastróficas”.
Durante años, se le ha dicho al público que Diana murió por una hemorragia interna causada por el accidente. Pero, según el cirujano, la realidad era aún más compleja.
Lo que realmente sucedió en el quirófano
El Dr. L. reveló que Diana había sufrido una lesión rara, casi imposible de tratar: un desgarro en la vena pulmonar cerca del corazón.
“Es el tipo de herida que uno ve quizás una vez en la vida”, explicó. “Incluso con todos los recursos, incluso con toda la voluntad del mundo, es casi imposible de curar a tiempo”.
Enfatizó que se tomaron todas las medidas posibles: protocolos de trauma avanzados, transfusiones de emergencia, masaje cardíaco directo. “No paramos hasta que no pudimos hacer absolutamente nada más”, dijo con la voz entrecortada.
Abordando los rumores
Cuando se le preguntó sobre las antiguas teorías conspirativas que sugieren que Diana podría haberse salvado, el Dr. L. negó con la cabeza firmemente.
No. Incluso si hubiera llegado en helicóptero, incluso si la hubiéramos operado en cuestión de minutos… el resultado casi seguro habría sido el mismo. No fue una cuestión de retraso, sino de la gravedad de la lesión.
Aun así, reconoció que el caos que rodeó su tratamiento (los paparazzi, la policía, la especulación) hicieron que la tragedia fuera aún más difícil de soportar.
¿Por qué decidió hablar ahora?
Durante años, el Dr. L. rechazó entrevistas, alegando que su deber era proteger la dignidad de sus pacientes. Pero en el 30.º aniversario de aquella noche, decidió compartir su relato para poner la verdad por encima del mito.
“Quiero que la gente sepa que no estaba sola, que la cuidaron con todo el cariño y humanidad que pudimos”, dijo. “Y que sus últimos momentos fueron de paz”.
Una nación que todavía está de luto
Incluso después de 30 años, la muerte de Diana sigue siendo una herida abierta en la psique británica. Las palabras del cirujano, aunque es poco probable que silencien toda especulación, ofrecen un relato profundamente humano de una noche que cambió la historia.
Al concluir, el Dr. L. hizo una larga pausa antes de decir en voz baja:
“Ella fue la paciente más hermosa que jamás intenté salvar, no por quién era, sino por la luz que llevaba, incluso en su hora final”.