En una decisión que ha dejado atónitos a los círculos reales y ha desatado rumores en todo el Palacio de Buckingham, el rey Carlos III, en lo que muchos consideran sus últimos días, ha firmado un decreto real que concede un nuevo título real a la joven princesa Lilibet Diana Mountbatten-Windsor — un gesto tanto simbólico como profundamente emotivo.

La decisión, tomada en privado y firmada hace solo unos días, reconoce oficialmente a Lilibet con el título de “Su Alteza Real la Princesa Lilibet de Sussex.” El anuncio, compartido discretamente a través de los canales oficiales del palacio, ya está causando una oleada de admiración, confusión — y, entre bastidores, una supuesta indignación por parte de la reina Camila.
Según fuentes cercanas a la casa real, la reina Camila estaba “visiblemente molesta y tomada por sorpresa” por la decisión del Rey, la cual, según se informa, consideró como “una ruptura innecesaria del protocolo” y “un movimiento político para complacer a Harry y Meghan.”
Pero quienes están cerca del Rey insisten en que fue un acto profundamente personal y sincero. Un asistente del palacio explicó:
“El Rey siempre ha sentido un afecto silencioso por su nieta, incluso si su relación con los padres de ella sigue siendo complicada. Al enfrentarse a la realidad de su salud deteriorada, quiso dejar algo duradero — un gesto de reconciliación y legado.”
Lilibet, hija del príncipe Harry y Meghan Markle, fue nombrada en honor al apodo de infancia de la reina Isabel II. Nacida y criada en Estados Unidos, no ha pasado mucho tiempo en el Reino Unido y no recibió un título real formal al nacer — en gran parte debido a la decisión de sus padres de alejarse de las funciones reales en 2020. Pero ahora, eso parece haber cambiado.
El decreto real, descrito por algunos como “el último regalo de Carlos”, ya ha provocado debate público. Los partidarios lo elogian como un acto de perdón y unidad. Un comentarista real afirmó:
“Esto se trata de la sangre, no de la política. Cualesquiera que sean las diferencias entre la familia y Harry, Lilibet sigue siendo su nieta — y el Rey se aseguró de que el mundo lo recordara.”
Mientras tanto, las tensiones parecen estar aumentando dentro de los muros del palacio. Personas cercanas aseguran que la reina Camila siente que la decisión socava años de esfuerzos por mantener un núcleo real más reducido y teme que el título pueda abrir la puerta a nuevas exigencias por parte de los Sussex.
Ni Harry ni Meghan han emitido una declaración pública, pero fuentes afirman que la pareja quedó “sorprendida y profundamente conmovida” por la decisión del Rey. No está claro si fueron notificados con antelación o si se enteraron del decreto a través de asistentes reales.
A medida que la salud del rey Carlos continúa deteriorándose, este giro inesperado de los acontecimientos podría convertirse en uno de los momentos más definitorios de su reinado — un gesto sorprendente que podría marcar el comienzo de un nuevo capítulo de reconciliación dentro de la familia real… o profundizar las divisiones ya existentes.
Lo que está claro es lo siguiente: la monarquía está cambiando — y también lo está haciendo su legado.