La familia real británica se reunió ayer en solemne unidad para despedir a uno de los suyos, durante el funeral de un miembro senior de la Casa de Kent, que se celebró en la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor. El servicio marcó el fin de una era para la rama Kent de la familia real y atrajo a dolientes de todo el Reino Unido y más allá.

El difunto miembro de la realeza, descrito por los funcionarios del palacio como “un pilar de gracia y dedicación silenciosa”, había servido a la monarquía durante décadas, apoyando causas benéficas, asistiendo a compromisos públicos y representando a la Corona en innumerables eventos. Su fallecimiento la semana pasada, a los 87 años, fue recibido con un torrente de dolor tanto por parte del público como del círculo real más amplio.
Cubierto con el estandarte real, el ataúd fue llevado por miembros de la Guardia del Rey mientras las campanas de luto resonaban sobre Windsor. Dentro de la capilla, la atmósfera era de profundo respeto. El rey Carlos III y la reina Camila se sentaron juntos al frente, visiblemente conmovidos, mientras que el príncipe Guillermo y el príncipe Harry —vistos juntos por primera vez en meses— permanecieron hombro con hombro al inicio del servicio.
En un elogio profundamente personal, el rey Carlos alabó al difunto miembro de la Casa de Kent como “una presencia firme a lo largo de las tormentas de la historia de nuestra familia”. Su voz se quebró al añadir: “Encarnaron el deber, la lealtad y la compasión, que son las más nobles tradiciones de esta familia. Su ausencia deja un silencio que sentiremos durante años.”