El rey Carlos sorprende al otorgar a Catalina un papel clave en la histórica visita de Estado de Donald Trump al Reino Unido. - Elmundo

El rey Carlos sorprende al otorgar a Catalina un papel clave en la histórica visita de Estado de Donald Trump al Reino Unido.

El presidente Donald Trump se prepara para regresar al Reino Unido para una visita de Estado de alto perfil de tres días, del 16 al 18 de septiembre, y esta vez, la atención no recaerá únicamente en el rey Carlos. En cambio, el programa ha sido diseñado para colocar al príncipe y la princesa de Gales —y, en particular, a la princesa Catalina— en el centro del espectáculo.

Esta será la segunda visita de Estado del presidente Trump y la primera dama Melania Trump a Gran Bretaña, y según fuentes del palacio, el rey Carlos está decidido a que la ocasión subraye tanto la fortaleza de las relaciones angloamericanas como la imagen moderna de la monarquía. Para lograr ese equilibrio, la participación activa de William y Catalina ha sido descrita como innegociable.

Uno de los momentos más esperados será el suntuoso banquete de Estado en el Castillo de Windsor, donde tanto el presidente Trump como el rey Carlos pronunciarán discursos. Fuentes confirman que la asistencia de Catalina fue insistida personalmente por el Rey, quien supuestamente la considera “el recurso visual más poderoso de la monarquía”. Como señaló un informante sin rodeos: “A Trump le encanta la pompa y el boato. Quiere glamour, fotos, espectáculo—y nadie lo logra como Kate.” Altos miembros de la realeza, dignatarios extranjeros y figuras destacadas del gobierno y los negocios llenarán el Salón de San Jorge del castillo, convirtiendo esta en una de las cenas diplomáticas más importantes del reinado de Carlos.

El 18 de septiembre, Catalina asumirá un papel diplomático inusualmente destacado con una participación conjunta junto a Melania Trump en los Jardines de Frogmore. Allí se reunirán con el Jefe Scout Dwayne Fields y con niños del programa Scout Squirrels mientras trabajan para obtener su insignia “Go Wild”. Para Catalina, esto representa una extensión natural de su larga trayectoria en la defensa del desarrollo infantil y el aprendizaje al aire libre. Para Melania, ofrece la oportunidad de mostrarse bajo una luz humanitaria, alejada de la formalidad rígida de los salones de banquetes de Windsor. Observadores reales señalan que la dupla es simbólica: yuxtapone la contención británica de Catalina con el glamour estadounidense de Melania, pero presenta a ambas como mujeres de influencia por derecho propio.

El programa general refleja cambios significativos respecto a visitas presidenciales anteriores. A diferencia del viaje de Estado de Donald Trump en 2019, este itinerario no incluye procesión por el centro de Londres, ni servicio en la Abadía de Westminster, ni homenaje en la Tumba del Soldado Desconocido. Las preocupaciones de seguridad y el riesgo de protestas han llevado a los planificadores del palacio a mantener a los Trump en gran medida dentro de los terrenos fortificados de Windsor. En cambio, la pareja colocará una corona en la Capilla de San Jorge, donde está enterrada la reina Isabel II, un tributo solemne que subraya su papel en el fomento de la “relación especial” entre Gran Bretaña y Estados Unidos.

Para equilibrar esta solemnidad con grandeza, la visita también incluirá un impresionante sobrevuelo de los RAF Red Arrows y de los aviones de combate F-35 estadounidenses, culminando con la ceremonia militar de retirada. Ambos elementos son vistos ampliamente como adaptados al gusto de Trump por el espectáculo y la precisión militar.

Sin embargo, detrás del brillo y la pompa existe una estrategia real calculada. Se dice que el rey Carlos está decidido a que esta visita sea recordada como un triunfo diplomático, y no como una controversia. Para asegurar ese resultado, ha colocado a William y Catalina en el centro de la escena, mostrándolos efectivamente como los próximos grandes embajadores diplomáticos de la monarquía. La presencia de Catalina, en particular, señala un cambio generacional: mientras que antes estas visitas estaban dominadas por el soberano, hoy la Princesa de Gales encarna el glamour, la calidez y la relevancia internacional que la monarquía busca proyectar.

A medida que las cámaras del mundo se centran en el Castillo de Windsor, la apuesta no podría ser mayor. Cada sonrisa, cada procesión en carruaje, cada vestido y cada apretón de manos será analizado y transmitido alrededor del mundo. Y aunque el rey Carlos reciba al presidente estadounidense, podría ser la princesa Catalina quien, al final, defina cómo la historia recuerde esta visita.

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